Ordinary Time - Year C 2019

 

Fifteenth Sunday in Ordinary Time
July 14, 2019
Christ Jesus . . . is the head of the body, the church.  — Colossians 1:15, 18

GOD WANTS TO BE KNOWN
The Old Testament reading from Deuteronomy praises God for inscribing the commandments in our very bodies. God’s law is not distant or foreign, but a natural part of us. In his letter to the Colossians, Saint Paul echoes Moses, praising God for becoming one of us. The truly human, flesh-and-blood Jesus reminds us that God always wants to be recognizable and familiar to us. Jesus, who is also truly God, wants to be on intimate terms with each of us.
God’s passionate desire to be known by us is almost too wonderful to take in. Luke’s Gospel helps us understand how to respond. The Good Samaritan parable provides practical advice for those who believe in God’s intimate love for them and want to share that love with others.

TREASURES FROM OUR TRADITION
On a summer day, with the windows open, we may hear the sound of church bells. Bells seem to have come into church life in Irish monasteries around the seventh century, and spread around the Christian world by Irish monks on missionary journeys. By the eighth century, bells were standard equipment in even small parish churches. An ancient ceremony, once called the “baptism of the bells,” recognizes that the church bell has a voice to call people to awareness and summon them to worship, and even bestows a name on the bell.
In a world without clocks or watches, the bell had an indispensable role. For calling monks in from the fields for prayer, or alerting far flung visitors, the bell’s voice was enhanced by hoisting it high into a tower. Soon it was learned that the sound of several bells clanging together in harmony imparted a sense of joy to great celebrations, and bell towers prospered, some chock full of bells. Different combinations of rings could indicate a death, a Mass, a wedding, a fast day, the curfew at the end of day, and the Angelus. Before electricity, bell-ringing was hard work indeed: the biggest bell in the Catholic world, in Cologne, Germany, weighs twenty seven tons! There’s no substitute for the resonant roar of a mighty bell; electric chimes are not eligible for blessing!

HAPPINESS
Since happiness is nothing else but the enjoyment of the Supreme good, and the Supreme good is above us, no one can be happy who does not rise above oneself.
—St. Bonaventure

WISDOM
Wisdom has been defined as knowing the difference between pulling your weight and throwing it around.
—Anonymous

 

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Decimoquinto Domingo del Tiempo Ordinario
14 de julio de 2019
Cristo . . . es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. — Colosenses 1:15, 18


EL DESEO DE DIOS PARA SER CONOCIDO
La lectura del Antiguo Testamento del libro del Deuteronomio alaba a Dios por escribir los mandamientos en nuestros cuerpos. La ley de Dios no es extraña o distante, sino una parte natural de nosotros. En su carta a los colosenses, san Pablo hace eco de Moisés, alabando a Dios por ser uno de nosotros. Él, verdaderamente humano, de carne y hueso, Jesús nos recuerda que Dios siempre quiere ser para nosotros alguien familiar al quien podemos reconocer, el que es verdadero Dios, quiere estar en buenos términos con cada uno de nosotros.
El deseo apasionado de Dios para ser conocido por nosotros es tan maravilloso para disfrutarse. El Evangelio de Lucas nos ayuda a entender cómo responder. La parábola del Buen Samaritano nos provee de consejos prácticos para quienes creen en la intimidad del amor de Dios para ellos y quiere compartir ese amor con otros.

TRADICIONES DE NUESTRA FE
Desde 1913, en la ciudad de Puntarenas, Costa Rica, la Virgen del Carmen es reconocida como la Virgen del Mar. En aquel año un barco llamado el Galileo naufraga en una tempestad y el pueblo angustiado por sus seres queridos recurrió al templo de la Virgen para pedir auxilio. Algunos días después todos los tripulantes fueron rescatados y llevados a Puntarenas. Según los tripulantes, mientras las lluvias y vientos amenazaban al Galileo una mujer los animó a que se echasen al agua y nadaran a tierra firme. Allí ella los alimentó y los acompañó hasta que fueron rescatados.
Llenos de alegría, el pueblo llevó a los rescatados a la iglesia para dar gracias. Estos reconocieron a la Virgen del Carmen como la mujer que los había ayudado. Desde entonces el sábado más cercano al 16 de julio, el pueblo celebra en grande la fiesta del Carmen con grandes desfiles de barcos y yates. Entre música y fuegos artificiales los costarricenses vienen en embarcaciones adornadas desde toda la nación a celebrar con la Virgen del Mar que también se encuentra en una embarcación.
—Fray Gilberto Cavazos-Glz, OFM, Copyright © J. S. Paluch Co.

FELICIDAD
Puesto que la felicidad no es más que disfrutar el bien Supremo, y el bien Supremo está por encima de nosotros, nadie puede ser feliz si no se eleva por encima de sí mismo.
—San Buenaventura

AMOR Y CONFIANZA
Poco amor, poca confianza.
—Proverbio inglés

 

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